Pensé que nunca volvería a sentirme así, estas ganas de correr, estas ganas de ir a buscarle, abrazarle y comerle a besos, estas ganas de levantarme y comerme el mundo, de cruzar países y de sentirme libre, totalmente sin sentido. Pero a su lado.
Es lo malo de ser jóven. Te crees que has sufrido lo suficiente, que no tienes espacio para más cicatrices en el cuerpo cuando realmente no tienes ni puta idea de la vida, que si te paras a pensarlo te asustas de lo poco que conoces de todo lo que te rodea. Por eso es más fácil vivir sin pensar, coleccionar cicatrices y recuerdos que olvidar.
Y por eso precisamente piensas que no va a venir ningún otro que te diga palabras bonitas y te tenga comiendo de su mano, y quizás no lo haya y ese sea el problema, que el que viene, no venga con palabras bonitas, no te diga lo mucho que te quiere ni lo bonita que eres y lo poco que son las demás, que igual ni siquiera te diga nada pero de todas formas piensas que sin duda bailarias el resto de tu vida con él, por toda su escalera y por todos los rincones dónde esté permitido bailar a su lado.
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