jueves, 15 de mayo de 2014

Generación 96

Hoy es el día.
Hoy es el día en que se acaba todo, hoy es el día en el que sabes que vas a despertarte un poco mas triste de la cuenta, y que seguramente antes de dormirte, cosa que te va a costar, vas a acordarte de un autobús naranja y de pegatinas de colores con formitas cuando aun llevabas parches en las rodillas y una sudaderita roja a juego. Es posible que tambien se te pasen por la cabeza Javi y su microfono, predeporte, cualquier otra actividad extraescolar y los columpios de contrueces, acompañados de tu madre dandote el bocadillo cuando tenias 5 años y el aspecto mas importante en tu vida eran las fiestas colegiales. Quizá recuerdes los nervios al ir al cole de los mayores y la infinita alegría que suponían los días en los que había educación física y se iba de chándal, la importancia que le dabas a los cumpleaños y a las excursiones y el respeto que aún le tenías a tus profesores. Si tengo que confesar esto algún día, será hoy; odiaba a muerte tener que bailar delante de todo el mundo al final del curso porque literalmente me moría de vergüenza.
Volviendo a cuando este en la cama, preveo que no podré no pensar en la primera vez que salí en la ESO con mis amigas y la primera vez que no hice los deberes y me riñeron en clase, la primera vez que probé el alcohol y lo ridícula que me recuerdo en cualquier situación al azar que piense de cualquiera de esos cuatro años. Tiempos difíciles, tiempos geniales. Y joder, el mito de los mitos, la cima de la pirámide, el temido bachiller. Y aquí estamos, sobrevivimos, podemos demostrarlo.
De cada pequeño detalle que me viene a la mente, de días aleatorios de clase, de exámenes, de excursiones y de viajes de estudios, lo último en lo que podría pensar es en lo "mucho que estudié", en si estaba enfadada por cualquier tontería con alguien o si fueron años de pasarlo realmente mal por los libros.
Me acuerdo de todos y de cada uno de vosotros, la gente de mi curso, de mi clase, de mi día a día. Quince años se dicen pronto y no se olvidan nunca, nunca, nunca.
Solo puedo daros hoy, después de todo, las gracias por haber hecho cada uno de esos días algo digno de recordar, de sacarme una sonrisa enorme cuando encuentre nuestra orla dentro de 30 años olvidada en cualquier sitio y le diga a mis hijos las cosas que os caracterizaban a cada uno y como no, preguntarme donde estaréis vosotros en ese mismo momento.
No voy a extenderme, habéis sido las mejores personas con las que podría haber compartido mi vida día a día hasta ser lo que soy hoy, y si tuviera que volver a hacerlo todo desde el principio, no cambiaría nada ni a nadie.
Y ya solo me queda deciros, que hasta siempre compañeros, aunque, sinceramente, nunca podremos llegar a irnos del todo.

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